El dominio de estas herramientas desde la etapa académica facilita una inserción profesional más competitiva.
¿La universidad sigue siendo un ascensor social? La cuestión, dependiendo de a quién preguntes, tiene múltiples respuestas. Por parte de las propias universidades, sí lo es, ya que en los últimos años han aumentado los contratos indefinidos para las personas universitarias. Para los alumnos, ya no es tanto un factor de prestigio o de mejora social, pero sí que aporta un espíritu crítico, tan necesario actualmente para ser capaz de enfrentarse a la revolución y a los retos que trae consigo la inteligencia artificial.
Y para las empresas, existe el problema de la sobrecualificación, ya que los titulados superiores ocupan puestos que no se corresponden con lo que han estudiado. Urge, por tanto, adaptar la oferta y la demanda y hacerlo más rápido. E igualmente, el ser capaces de atraer y retener al talento internacional, tanto a nivel docente como estudiantil.
Estas son algunas de las cuestiones que se plantearon durante la presentación del Informe CYD 2025 en una mesa redonda en la que participar...
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